Nació en Santiago de Chile (1932).
Novelista. Periodista, Registro Nacional Nº 717 del Colegio de Periodistas.
Directora de la Sociedad de Escritores de Chile por dos períodos; secretaria general, 1998-1999.
Consejera del Consejo de Monumentos Nacionales.
Miembro de la Sociedad de Amigos de Nikos Kazantzakis.
Miembro del Consejo Nacional del Libro y la Lectura 1998-1999.
Miembro del Círculo de Periodistas de Chile.
Miembro del Colegio de Periodistas de Chile.
Organizadora de la Biblioteca “Ester Matte” de la Sociedad de Escritores de Chile con el apoyo del Consejo Nacional del Libro y la Lectura.
Enseñó Castellano de la Universidad de Relaciones y Comercio Exterior de China, en Pekín y en la Universidad de Jan Comenio, de Bratislava.
De regreso a Chile en 1966, se incorporó al periodismo, en el diario “El Siglo” donde fundó la sección cotidiana “No sólo de pan...”, dedicada al hacer cultural.
Exonerada de la Universidad de Chile y del diario “El Siglo” después del 11.09.1973.
Trabajó en el programa “Semana Cultural” del Canal 9 de TV de la Universidad de Chile.
Encargada de prensa del Instituto de Arte Latinoamericano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile.
En 1976, salió al exilio. Vivió en Yugoslavia hasta 1978.
Miembro del consejo de redacción de la revista Araucaria. (1978-1990).
Trabajó en el programa Escucha Chile, de la Radio Moscú en 1979; luego fue su corresponsal desde Venezuela (1980-1987).
Crítica de literatura y arte en Venezuela en revista Elite y Diario de Caracas.
Cuando le quitaron la “L” del pasaporte, retornó a Chile en 1987.
Novelas
Oro, Veneno, Puñal. Brosquil Ediciones, 2002, Valencia, España.
Javiera Carrera Madre de la Patria
Editorial Sudamericana, Santiago, 2000.
Balmaceda Varón de una Sola Agua
Editorial Los Andes, Santiago 1991.
Cadáveres del Incendio Hermoso, Premio de Literatura de la Municipalidad de Santiago, 1991. Premio de Novela "María Luisa Bombal" de la Municipalidad de Viña del Mar 1989. Editorial Andrés Bello, 1990
Rumbo a Ítaca, 1987.
Cuentos publicados en:
Cuentos chilenos. Ediciones Siruela, Madrid, España, 2006.
Crímenes de Mujeres, Virginia Vidal y Ana Vásquez Bronfman: selección y prólogo. Publicado por Catalonia, Santiago, 2004. Cuentos de : Lucía Guerrra, Mónica Mansour, Cristina Norton, Elsa Osorio, Cristina Peri Rossi, Teresa Porzecanski, Laura Riesco, Mayra Santos-Febre, Ana María Shua, Luisa Valenzuela, Ana Vásquez Bronfman y Virginia Vidal: Hipatía ni perdón ni olvido.
Bizantino Nea Hellas N° 23. 2004, Revista del Centro de Estudios Griegos, Bizantinos y Neohelénicos “Fotios Malleros”, Universidad de Chile: Hipatía ni perdón ni olvido.
Cuentos en Dictadura, antología a cargo de Ramón Díaz E./Diego Muñoz. 2003
Pícaros y Atrevidas, 1994. Cuentos de: Walter Garib, Lucía Guerra, Jaime Hales, Héctor Tancredo Pinochet, Carolina Rivas y de Virginia Vidal: Alunamiento profundo.
Cuentos Chilenos, Editorial Kinkulen, Berlín, 1988: La última luna (primer finalista, concurso de cuentos del diario “El Nacional”, Caracas, Venezuela, 1982)
Las Mujeres del Cono Sur Escriben. Editorial Nordam, Buenos Aires-Estocolmo, 1984. Selección de Ana Vásquez, Ana Luisa Valdés y Ana M. Araujo, prólogo de Rubén Bareiro Saguier. De Virginia Vidal: La ruta de la sandía.
Crimes de Mulheres: selección y prólogo de Virginia Vidal y Ana Vásquez Bronfman. Ed. ASA, Lisboa, 2003. Cuentos: Lucía Guerrra, Rosa Lobato de Faria, Mónica Mansour, Cristina Norton, Elsa Osorio, Cristina Peri Rossi, Teresa Porzecanski, Laura Riesco. Ana María Shua, Virginia Vidal y Ana Vásquez Bronfman. Ediciones ASA, Porto / Lisboa, 2003.
What Is Secret. Stories By Chilean Women. Antología de Marjorie Agosin, narradoras chilenas.
White Pine Press. Fredonia. New York, 1996.
Muestra de Literatura Chilena "Juntémonos en Chile". Congreso Internacional de Escritores.SECH, agosto 1992, PRED. Cuento: La ruta de la sandía
Tegendraase Tango's edit. Het Wereldvenster, Amsterdam, 1989: antología holandesa de autoras argentinas (Liliana Heker, Marta Lynch, Silvina Ocampo, Syriola Poletti, Ana María Shúa, Marta Traba), chilenas (Isabel Allende, Ana Vásquez, Virginia Vidal, María Luisa Bombal) y uruguayas (Silvia Lago, Teresa Porzecanski, Cristina Peri Rossi, Armonía Somers, Ana Luisa Valdés) .
Nouvelles De Nos Exils. Neuf Latino-Américaines Ecrivent. Arcantère Editions, Paris, 1987.
Cultora del cuento breve o parvo relato;
La Flor Del Día-Trofeos de Lectura. Antólogos Raúl Brasca y Luis Chitarroni. Edic. del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. Buenos Aires, 2007.
Revista La Pluma del Ganso N° 36, selección de micrónicas. México 2004.
Micrónicas y Chispas, minificciones publicadas en Asedios a una nueva categoría textual: el microrrelato. III Congreso Internacional de Minificción 2004, editores Andrés Cáceres Milnes y Eddie Morales Piña, Universidad de Playa Ancha, Valparaíso, y la Universidad de Oregon (EEUU), 2004
Escritos Disconformes Nuevos Modelos de Lectura, de Francisca Noguerol Jiménez: Aquílafuente. Universidad de Salamanca, 2004
L’Immaginazione N° 198. Milano, 05.2003. Storie dalla sponda sotile. Narrativa cilena contemporanea.
Imagen N° 100, 11-12.1993, revista dirigida por Salvador Garmendia: Micrónicas de fin de siglo.
Ensayos y crónicas:
Coloquio del oro y el moro: conversaciones con Armando Uribe. Catalonia, Santiago, 2006.
Hormiga pinta caballos. Delia del Carril y su tiempo. Editorial RIL, Santiago 2006.
Ensayos en revistas y libros:
Misterio del rapto de Europa y los angustiados: proemio a la Antología poética Caminos de la Palabra -El rapto de Europa, de la Fundación Max Aub 2004
Ágora, Murcia, España; Atlantica, Lisboa, Portugal. Literastur, revista de literatura en lenguas ibéricas, Gijón, España, 2004.
Ensayos:
Neruda Memoria Crepitante, Valencia, España 2003.
Agua Viva. Gabriela Mistral y la Juventud, Texidó, Santiago,1994.
América de a Caballo, La Noria, Santiago,1992
Testimonios de Francisco Coloane, Editorial Universitaria, Santiago, 1991.
Entretien Avec Francisco Coloane. Ed. Terre de Brume, Francia, 2004.
Emancipación de la Mujer
Colección "Nosotros, los Chilenos", Edit. Quimantú, Santiago, 1972
Un espacio para compartir poesía de mujeres, cercanas o lejanas en la geografía. Poetas como Gabriela Mistral y sus poemas de "Locas mujeres" sección del Libro Lagar.
Compartimos los mismos intereses:
jueves, 20 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
Concurso de Cuentos de la Macro Zona Norte de Chile
El tiempo pasa...
domingo, 10 de octubre de 2010
Epistolario de Gabriela Mistral e Isolina Barraza
Quiero compartir con ustedes estas cartas publicadas el año 1995 en la Ciudad de La Serena, provincia de Elqui, en ellas nos acercamos a una Gabriela que conmueve por su preocupación y cercanía a su gente.
Compartiré fragmentos de un par de estas cartas… correspondencia con Isolina Barraza de Estay, mujer Elquina.
Cara Isolina:
Su carta comadrera y tierna llegó como un regalo. Acepte el que yo le escriba así, a sorbos. Mi vista está en muy mal estado. Pero así, siempre cumplo con mi gente.
Por aire le he mandado otra tarjeta con un encargo para mi escuela de Montegrande.
Me alegra mucho saber de usted. También avenida con nuestra Marta Samatán ….
Yo no tuve la suerte de tener en la Vicuña de mi tiempo una Isolina Barraza Estay. En mi ciudad no me quisieron. En el Valle si.
Dejo para otra carta aquello de la casa y la Biblioteca. Recuérdemelo (tengo 700 y tantas cartas sin respuestas)
Llegan muy malas nuevas de mi pobrecita Emelina. Yo espero que Marta esté con ella, si se agravase.
Acabo de rezar por mi hermanita hoy, hoy, 1° de Enero.
¡Feliz año, amiga mía!
Gabriela
XII-1945.
En otra de sus cartas:
Cara Isolina:
Gracias por sus líneas. Cuando vaya a La Serena vea a mi hermana.
Las telas mandadas ya deben estar allá. A fines de febrero o comienzos de marzo, necesito mandar zapatos. He perdido las medidas de la otra vez. Solicítelas.
Calzados y telas son bonitos aquí. Todo eso irá, poco a poco, en los barcos nuestros.
Usted tiene allá algo muy lindo, un ser vivo y precioso, un duende poderoso: la imprenta. Escriba para ella. Para mí también.
Gabriela
1946
Compartiré fragmentos de un par de estas cartas… correspondencia con Isolina Barraza de Estay, mujer Elquina.
Cara Isolina:
Su carta comadrera y tierna llegó como un regalo. Acepte el que yo le escriba así, a sorbos. Mi vista está en muy mal estado. Pero así, siempre cumplo con mi gente.
Por aire le he mandado otra tarjeta con un encargo para mi escuela de Montegrande.
Me alegra mucho saber de usted. También avenida con nuestra Marta Samatán ….
Yo no tuve la suerte de tener en la Vicuña de mi tiempo una Isolina Barraza Estay. En mi ciudad no me quisieron. En el Valle si.
Dejo para otra carta aquello de la casa y la Biblioteca. Recuérdemelo (tengo 700 y tantas cartas sin respuestas)
Llegan muy malas nuevas de mi pobrecita Emelina. Yo espero que Marta esté con ella, si se agravase.
Acabo de rezar por mi hermanita hoy, hoy, 1° de Enero.
¡Feliz año, amiga mía!
Gabriela
XII-1945.
En otra de sus cartas:
Cara Isolina:
Gracias por sus líneas. Cuando vaya a La Serena vea a mi hermana.
Las telas mandadas ya deben estar allá. A fines de febrero o comienzos de marzo, necesito mandar zapatos. He perdido las medidas de la otra vez. Solicítelas.
Calzados y telas son bonitos aquí. Todo eso irá, poco a poco, en los barcos nuestros.
Usted tiene allá algo muy lindo, un ser vivo y precioso, un duende poderoso: la imprenta. Escriba para ella. Para mí también.
Gabriela
1946
jueves, 16 de septiembre de 2010
Presencia chilena en la obra de Gabriela Mistral
BREVE DESCRIPCIÓN DE CHILE
FORMA Y TAMAÑO
Han dado a Chile los comentaristas la forma de un sable, por remarcar el carácter militar de su raza. La metáfora sirvió para los tiempos heroicos. Chile se hacía, y se hacía como cualquier nación, bajo espíritu guerrero. Mejor sería darle la forma de un remo, ancho hacia Antofagasta, aguzado hacia el Sur. Buenos navegantes somos en país dotado de inmensa costa.
750.000 kilómetros cuadrados. Pero esta extensión, muy mermada por nuestra formidable cordillera, y en el Sur, a medias inutilizadas por el vivero de archipiélagos perdidos. Es un país grande en relación con los repartos geográficos de Europa; es un país pequeño dentro del gigantismo de los territorios americanos. Un escritor nuestro, Pedro Prado, decía que hay que medir el país desdoblando los pliegues de la Cordillera y volviendo así horizontalidad lo vertical. En verdad hay una dimensión de esta índole que vale en ciertos lugares para lo económico. Las minas hacen de nuestra montaña cuprífera y argentífera una especie de decuplicación de superficie válida, y donde el vuelo del aeroplano fotografía metros el fantástico plegado geológico daría millas.
Sin embargo, no es así como otros vemos el país. Hay la dimensión geográfica, hay la económica y hay todavía la moral. Cuando digo aquí moral digo moral cívica. También esto crea una periferia y una medida que puede exceder o reducir el área de la patria. Patrias con poca irradiación de energía y de sentido racial, patrias apenas dinámicas, son pequeñas hasta cuando son enormes. Patrias angostas o mínimas que se exhalan en radios grandes de influencia son siempre mayores y hasta se vuelven infinitas. Nadie puede echar sonda en su fondo; no puede saberse hasta dónde alcanzan, porque sus posibilidades son las mismas del alma individual, es decir, inmensurables.
UNA PATRIA
A mí me gusta la Historia de Chile, y no es que me complazca como la cara de la madre al hijo, por pura filialidad. Si yo hubiese nacido en cualquier lonja terrestre, me gustaría lo mismo al leerla. Me da un placer semejante al de una faena bien comenzada, bien seguida y bien rematada. Me agranda los ojos como la forja que se cumple cabalmente en la buena fragua; me aviva los pulsos expectantes como una fiesta de regatas, hecha por hombres ganosos en un mar acarnerado y en un sol fuerte; me serena y me conforta con su éxito ganado agriamente, como cuando he visto la subida del metal jadeado, en los ascensores de la bocamina porque el logro que responde al largo repecho ratifica las medidas probas en la balanza, y hace sonreír al buen amador de la justicia. Así me gusta la Historia de Chile, como un oficio de creación de patria, bien cumplido por un equipo de hombres cuyo capital no fue sino su cuerpo sano y lo que el cuerpo comprende de porción divina. Me alegran y me ponen lo mismo a batir los sentidos las demás historias nacionales heroicas. Los espectáculos de la naturaleza son embriagantes sin que lo sean más que el de una gesta larga de hombres entregados a preparar y a ofrecer esa soberana producción, mixta de territorio dulce o áspero, de potencias humanas empecinadas en gastarse y vaciarse, de ayudas naturales y sobrenaturales y de desalientos y fervores, en turno de marejada.
Nuestra historia puede sintetizarse así: Nació hacia el extremo sudoeste de la América una nación obscura, que su propio descubridor, don Diego de Almagro, abandonó apenas ojeada, por lejana de los centros coloniales y por recia de domar, tanto como por pobre.
El segundo explorador, don Pedro de Valdivia, el extremeño, llevó allá la voluntad de fundar, y murió en la terrible empresa. La poblaba una raza india que veía su territorio según debe mirarse siempre: como nuestro primer cuerpo que el segundo no puede enajenar sin perderse en totalidad. Esta raza india fue dominada a medias, pero permitió la creación de un pueblo nuevo en el que debía insuflar su terquedad con el destino y su tentativa contra lo imposible.
Nacida la nación bajo el signo de la pobreza, supo que debía ser sobria, super-laboriosa y civilmente tranquila, por economía de recursos y de una población escasa.
El vasco austero le enseñó estas virtudes; él mismo fue quizás el que lo hizo país industrial antes de que llegasen a la era industrial los americanos del Sur.
Pero fue un patriotismo bebido en libro vuestro, en el poema de Ercilla, útil a país breve y fácil de desmenuzarse en cualquier reparto, lo que creó un sentido de chilenidad en pueblo a medio hacer, lo que hizo una nación de una pobrecita capitanía general que contaba un virreinato al Norte y otro al Este.
En una serie de frases apelativas de nuestros países podría decirse: Brasil, o el cuerno de la abundancia; Argentina, o la Convivencia universal; Chile, o la voluntad de ser.
Esta voluntad terca de existir ha tenido a veces aspectos de violencia y a algunos se les antoja desmedida para cinco millones de hombres. Pero yo, que nada tengo de nietzscheana, suelo pensarla, velarla y revolver su rescoldo alerta, porque el Continente austral pudiese necesitarla en el futuro y pudiese ser ella un exceso que sirva y salve, en trance de solidaridad continental. Depósitos de radium hay así, secretos y salvadores.
FORMA Y TAMAÑO
Han dado a Chile los comentaristas la forma de un sable, por remarcar el carácter militar de su raza. La metáfora sirvió para los tiempos heroicos. Chile se hacía, y se hacía como cualquier nación, bajo espíritu guerrero. Mejor sería darle la forma de un remo, ancho hacia Antofagasta, aguzado hacia el Sur. Buenos navegantes somos en país dotado de inmensa costa.
750.000 kilómetros cuadrados. Pero esta extensión, muy mermada por nuestra formidable cordillera, y en el Sur, a medias inutilizadas por el vivero de archipiélagos perdidos. Es un país grande en relación con los repartos geográficos de Europa; es un país pequeño dentro del gigantismo de los territorios americanos. Un escritor nuestro, Pedro Prado, decía que hay que medir el país desdoblando los pliegues de la Cordillera y volviendo así horizontalidad lo vertical. En verdad hay una dimensión de esta índole que vale en ciertos lugares para lo económico. Las minas hacen de nuestra montaña cuprífera y argentífera una especie de decuplicación de superficie válida, y donde el vuelo del aeroplano fotografía metros el fantástico plegado geológico daría millas.
Sin embargo, no es así como otros vemos el país. Hay la dimensión geográfica, hay la económica y hay todavía la moral. Cuando digo aquí moral digo moral cívica. También esto crea una periferia y una medida que puede exceder o reducir el área de la patria. Patrias con poca irradiación de energía y de sentido racial, patrias apenas dinámicas, son pequeñas hasta cuando son enormes. Patrias angostas o mínimas que se exhalan en radios grandes de influencia son siempre mayores y hasta se vuelven infinitas. Nadie puede echar sonda en su fondo; no puede saberse hasta dónde alcanzan, porque sus posibilidades son las mismas del alma individual, es decir, inmensurables.
UNA PATRIA
A mí me gusta la Historia de Chile, y no es que me complazca como la cara de la madre al hijo, por pura filialidad. Si yo hubiese nacido en cualquier lonja terrestre, me gustaría lo mismo al leerla. Me da un placer semejante al de una faena bien comenzada, bien seguida y bien rematada. Me agranda los ojos como la forja que se cumple cabalmente en la buena fragua; me aviva los pulsos expectantes como una fiesta de regatas, hecha por hombres ganosos en un mar acarnerado y en un sol fuerte; me serena y me conforta con su éxito ganado agriamente, como cuando he visto la subida del metal jadeado, en los ascensores de la bocamina porque el logro que responde al largo repecho ratifica las medidas probas en la balanza, y hace sonreír al buen amador de la justicia. Así me gusta la Historia de Chile, como un oficio de creación de patria, bien cumplido por un equipo de hombres cuyo capital no fue sino su cuerpo sano y lo que el cuerpo comprende de porción divina. Me alegran y me ponen lo mismo a batir los sentidos las demás historias nacionales heroicas. Los espectáculos de la naturaleza son embriagantes sin que lo sean más que el de una gesta larga de hombres entregados a preparar y a ofrecer esa soberana producción, mixta de territorio dulce o áspero, de potencias humanas empecinadas en gastarse y vaciarse, de ayudas naturales y sobrenaturales y de desalientos y fervores, en turno de marejada.
Nuestra historia puede sintetizarse así: Nació hacia el extremo sudoeste de la América una nación obscura, que su propio descubridor, don Diego de Almagro, abandonó apenas ojeada, por lejana de los centros coloniales y por recia de domar, tanto como por pobre.
El segundo explorador, don Pedro de Valdivia, el extremeño, llevó allá la voluntad de fundar, y murió en la terrible empresa. La poblaba una raza india que veía su territorio según debe mirarse siempre: como nuestro primer cuerpo que el segundo no puede enajenar sin perderse en totalidad. Esta raza india fue dominada a medias, pero permitió la creación de un pueblo nuevo en el que debía insuflar su terquedad con el destino y su tentativa contra lo imposible.
Nacida la nación bajo el signo de la pobreza, supo que debía ser sobria, super-laboriosa y civilmente tranquila, por economía de recursos y de una población escasa.
El vasco austero le enseñó estas virtudes; él mismo fue quizás el que lo hizo país industrial antes de que llegasen a la era industrial los americanos del Sur.
Pero fue un patriotismo bebido en libro vuestro, en el poema de Ercilla, útil a país breve y fácil de desmenuzarse en cualquier reparto, lo que creó un sentido de chilenidad en pueblo a medio hacer, lo que hizo una nación de una pobrecita capitanía general que contaba un virreinato al Norte y otro al Este.
En una serie de frases apelativas de nuestros países podría decirse: Brasil, o el cuerno de la abundancia; Argentina, o la Convivencia universal; Chile, o la voluntad de ser.
Esta voluntad terca de existir ha tenido a veces aspectos de violencia y a algunos se les antoja desmedida para cinco millones de hombres. Pero yo, que nada tengo de nietzscheana, suelo pensarla, velarla y revolver su rescoldo alerta, porque el Continente austral pudiese necesitarla en el futuro y pudiese ser ella un exceso que sirva y salve, en trance de solidaridad continental. Depósitos de radium hay así, secretos y salvadores.
lunes, 12 de julio de 2010
domingo, 11 de julio de 2010
Lanzamiento libro "¿Dónde están los ángeles?" Autora Oriana Mondaca Rivera
Noche mágica en el Centro del Patrimonio Religioso ex Iglesia Santa Inés.
Organizado por el Departamento de Cultura de la Ilustre Municipalidad de La Serena, Cuarta Región de Chile.
Organizado por el Departamento de Cultura de la Ilustre Municipalidad de La Serena, Cuarta Región de Chile.
domingo, 4 de julio de 2010
lunes, 1 de febrero de 2010
CORDILLERA Gabriela Mistral
¡Cordillera de los Andes,
Madre yacente y Madre que anda,
que de niños nos enloquece
y hace morir cuando nos falta;
que en los metales y el amianto
nos aupaste las entrañas;
hallazgo de los primogénitos,
de Mama Ocllo y Manco Cápac,
tremendo amor y alzado cuerno
del hidromiel de la esperanza!
Jadeadora del Zodíaco,
sobre la esfera galopada;
corredora de meridianos,
piedra Mazzepa que no se cansa,
Atalanta que en la carrera
es el camino y es la marcha,
y nos lleva, pecho con pecho,
a lo madre y lo marejada,
a maná blanco y peán rojo
de nuestra bienaventuranza.
Caminas, madre, sin rodillas,
dura de ímpetu y confianza;
con tus siete pueblos caminas
en tus faldas acigüeñadas;
caminas la noche y el día,
desde mi Estrecho a Santa Marta,
y subes de las aguas últimas
la cornamenta del Aconcagua.
Pasas el valle de mis leches,
amoratando la higuerada;
cruzas el cíngulo de fuego
y los ríos Dioscuros lanzas
pruebas Sargassos de salmuera
y desciendes alucinada...
Viboreas de las señales
del camino del Inca Huayna,
veteada de ingenierías
y tropeles de alpaca y llama,
de la hebra del indio atónito
y del ¡ay! de la quena mágica.
Donde son valles, son dulzuras;
donde repechas, das el ansia;
donde azurea el altiplano
es la anchura de la alabanza.
Extendida como una amante
y en los soles reverberada,
punzas al indio y al venado
con el jengibre y con la salvia;
en las carnes vivas te oyes
lento hormiguero, sorda vizcacha;
oyes al puma ayuntamiento
y a la nevera, despeñada,
y te escuchas el propio amor
en tumbo y tumbo de tu lava.
Bajan de ti, bajan cantando,
como de nupcias consumadas,
tumbadores de las caobas
y rompedor de araucarias.
Aleluya por el tenerte
para cosecha de las fábulas,
alto ciervo que vio San Jorge
de cornamenta aureolada
y el fantasma del Viracocha,
vaho de niebla y vaho de habla.
¡Por las noches nos acordamos
de bestia negra y plateada,
leona que era nuestra madre
y de pie nos amamantaba!
En los umbrales de mis casas,
tengo tu sombra amoratada.
Hago, sonámbulo, mis rutas,
en seguimiento de tu espalda,
o devanándome en tu niebla,
o tanteando un flanco de arca;
y la tarde me cae al pecho
en una madre desollada.
¡Ancha pasión, por la pasión
de hombros de hijos jadeada!
¡Carne de piedra de la América,
halalí de piedras rodadas,
sueño de piedra que soñamos,
piedras del mundo pastoreadas;
enderezarse de las piedras
para juntarse con sus almas!
¡En el cerco del valle de Elqui
bajo la luna de fantasma,
no sabemos si somos hombres
o somos peñas aprobadas
Vuelven los tiempos en sordo río
y se les oye la arribada
a la meseta de los Cuzcos
que es la peana de la gracia.
Silbaste el silbo subterráneo
a la gente color del ámbar;
no desatamos el mensaje
enrollado de salamandra;
y de tus tajos recogemos
nuestro destino en bocanada.
¡Anduvimos como los hijos
que perdieron signo y palabra,
como beduino o ismaelita,
como las peñas hondeadas,
vagabundos envilecidos,
gajos pisados de vid santa,
vagabundos envilecidos,
como amantes que se encontraran!
Otra vez somos los que fuimos,
cinta de hombres, anillo que anda,
viejo tropel, larga costumbre
en derechura a la peana,
donde quedó la madre augur
que desde cuatro siglos llama,
en toda noche de los Andes
y con el grito que es lanzada.
Otra vez suben nuestros coros
y el roto anillo de la danza,
por caminos que eran de chasquis
y en pespunte de llamaradas.
Son otra vez adoratorios
jaloneando la montaña
y la espiral en que columpian
mirra-copal, mirra-copaiba,
¡para tu gozo y nuestro gozo
balsámica y embalsamada!
El fueguino sube al Caribe
por tus punas espejeadas;
a criaturas de salares
y de pinar lleva a las palmas.
Nos devuelves al Quetzalcóatl
acarreándonos al maya,
y en las mesetas cansa-cielos,
donde es la luz transfigurada,
braceadora, ata tus pueblos
como juncales de sabana.
¡Suelde el caldo de tus metales
los pueblos rotos de tus abras;
cose tus ríos vagabundos,
tus vertientes acainadas.
Puño de hielo, palma de fuego,
a hielo y fuego purifícanos!
Te llamemos en aleluya
y en letanía arrebatada.
¡Especie eterna y suspendida,
Alta-ciudad -Torres-doradas,
Pascual Arribo de tu gente,
Arca tendida de tu Alianza!
Madre yacente y Madre que anda,
que de niños nos enloquece
y hace morir cuando nos falta;
que en los metales y el amianto
nos aupaste las entrañas;
hallazgo de los primogénitos,
de Mama Ocllo y Manco Cápac,
tremendo amor y alzado cuerno
del hidromiel de la esperanza!
Jadeadora del Zodíaco,
sobre la esfera galopada;
corredora de meridianos,
piedra Mazzepa que no se cansa,
Atalanta que en la carrera
es el camino y es la marcha,
y nos lleva, pecho con pecho,
a lo madre y lo marejada,
a maná blanco y peán rojo
de nuestra bienaventuranza.
Caminas, madre, sin rodillas,
dura de ímpetu y confianza;
con tus siete pueblos caminas
en tus faldas acigüeñadas;
caminas la noche y el día,
desde mi Estrecho a Santa Marta,
y subes de las aguas últimas
la cornamenta del Aconcagua.
Pasas el valle de mis leches,
amoratando la higuerada;
cruzas el cíngulo de fuego
y los ríos Dioscuros lanzas
pruebas Sargassos de salmuera
y desciendes alucinada...
Viboreas de las señales
del camino del Inca Huayna,
veteada de ingenierías
y tropeles de alpaca y llama,
de la hebra del indio atónito
y del ¡ay! de la quena mágica.
Donde son valles, son dulzuras;
donde repechas, das el ansia;
donde azurea el altiplano
es la anchura de la alabanza.
Extendida como una amante
y en los soles reverberada,
punzas al indio y al venado
con el jengibre y con la salvia;
en las carnes vivas te oyes
lento hormiguero, sorda vizcacha;
oyes al puma ayuntamiento
y a la nevera, despeñada,
y te escuchas el propio amor
en tumbo y tumbo de tu lava.
Bajan de ti, bajan cantando,
como de nupcias consumadas,
tumbadores de las caobas
y rompedor de araucarias.
Aleluya por el tenerte
para cosecha de las fábulas,
alto ciervo que vio San Jorge
de cornamenta aureolada
y el fantasma del Viracocha,
vaho de niebla y vaho de habla.
¡Por las noches nos acordamos
de bestia negra y plateada,
leona que era nuestra madre
y de pie nos amamantaba!
En los umbrales de mis casas,
tengo tu sombra amoratada.
Hago, sonámbulo, mis rutas,
en seguimiento de tu espalda,
o devanándome en tu niebla,
o tanteando un flanco de arca;
y la tarde me cae al pecho
en una madre desollada.
¡Ancha pasión, por la pasión
de hombros de hijos jadeada!
¡Carne de piedra de la América,
halalí de piedras rodadas,
sueño de piedra que soñamos,
piedras del mundo pastoreadas;
enderezarse de las piedras
para juntarse con sus almas!
¡En el cerco del valle de Elqui
bajo la luna de fantasma,
no sabemos si somos hombres
o somos peñas aprobadas
Vuelven los tiempos en sordo río
y se les oye la arribada
a la meseta de los Cuzcos
que es la peana de la gracia.
Silbaste el silbo subterráneo
a la gente color del ámbar;
no desatamos el mensaje
enrollado de salamandra;
y de tus tajos recogemos
nuestro destino en bocanada.
¡Anduvimos como los hijos
que perdieron signo y palabra,
como beduino o ismaelita,
como las peñas hondeadas,
vagabundos envilecidos,
gajos pisados de vid santa,
vagabundos envilecidos,
como amantes que se encontraran!
Otra vez somos los que fuimos,
cinta de hombres, anillo que anda,
viejo tropel, larga costumbre
en derechura a la peana,
donde quedó la madre augur
que desde cuatro siglos llama,
en toda noche de los Andes
y con el grito que es lanzada.
Otra vez suben nuestros coros
y el roto anillo de la danza,
por caminos que eran de chasquis
y en pespunte de llamaradas.
Son otra vez adoratorios
jaloneando la montaña
y la espiral en que columpian
mirra-copal, mirra-copaiba,
¡para tu gozo y nuestro gozo
balsámica y embalsamada!
El fueguino sube al Caribe
por tus punas espejeadas;
a criaturas de salares
y de pinar lleva a las palmas.
Nos devuelves al Quetzalcóatl
acarreándonos al maya,
y en las mesetas cansa-cielos,
donde es la luz transfigurada,
braceadora, ata tus pueblos
como juncales de sabana.
¡Suelde el caldo de tus metales
los pueblos rotos de tus abras;
cose tus ríos vagabundos,
tus vertientes acainadas.
Puño de hielo, palma de fuego,
a hielo y fuego purifícanos!
Te llamemos en aleluya
y en letanía arrebatada.
¡Especie eterna y suspendida,
Alta-ciudad -Torres-doradas,
Pascual Arribo de tu gente,
Arca tendida de tu Alianza!
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